Sra. Robinson, trata de seducirme… ¿no es así?

By 23 febrero, 2015Marketing

Google ha lanzado una promoción para ganar presencia en Japón donde 300 avatares, cada uno en su Tablet y su lugar en el coro, cantan sincronizados el Himno a la Alegría de Beethoven, con ayuda de los clientes. ¿Qué lleva a las personas a participar en una tarea inicialmente tan compleja?

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Pues con la recompensa que todo proceso participativo con ansia de éxito requiere y con el minuto de gloria que todo humano anhela. En este caso, Google regala una camiseta a quien participa en  la sincronización de los 300 avatares para que canten a la vez. ¿Es la camiseta el regalo real? No. Obviamente.

Regalar es todo un arte, no es tanto el valor de aquello que se regala sino en encontrar aquello que vaya a gustar. La elección del regalo tiene que ver más con quién recibe que con quién entrega y, lo que se busca, a toda costa, es la seducción, la conexión emocional. Frente a un regalo, no sólo preguntamos qué tan bien funcionará, nos preguntamos por su aspecto, su atractivo y todo lo que suscita inevitablemente en nosotros al recibirlo. Google, en esta estrategia de presencia establece un juego y regala, además de la camiseta, un puñado de placeres. Como graduados, nos sometemos al juego seductor de Google… la experimentación mediante nuestros sentidos que dirigimos una orquesta, el placer de la fantasía de un momento realmente Mastercard simulando el papel de director musical y superar el desafío que lleva sincronizar 300 músicos (sí, sí, músicos en ese momento de gloria) nos hará sentirnos únicos, héroes por un momento.

Luego, la camiseta dormirá en el armario, probablemente no nos la pondremos nunca, pero que tampoco la podremos tirar por todo aquello a que nos recuerda. Yo guardo una de este momento (horrible camiseta, por cierto).