6 pasos en el desarrollo de nuevos conceptos retail

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Cuando una empresa/marca acude a una agencia para que la ayude a mejorar sus servicios en el punto de venta, lanzar un producto nuevo o realizar una campaña específica a pie de calle, debe llevar a cabo un proceso de thinking antes de comenzar.

Existen unos pasos en el desarrollo de nuevos conceptos Retail. Es en este sentido, y desde este punto de partida, donde la agencia tiene que empezar a aportar su know how. En el caso del Retail, no solo es importante el ‘qué queremos hacer’, sino el ‘cómo y el dónde’, porque serán estos factores, en coherencia con el primero, los que determinarán el éxito del proyecto.

De modo que, ¿qué pasos seguimos en el desarrollo de nuevos conceptos para el retail?

1. Primera reunión: las necesidades del cliente.

La primera reunión es mucho más importante de lo que parece. No se trata únicamente de un encuentro para que marca y agencia se conozcan, en el que la primera habla y la segunda toma notas. No. Se trata de la primera cita del equipo de trabajo y, por lo tanto, del primer paso en el proceso de creación del proyecto.

La agencia debe sacar de esta primera reunión qué es ‘lo que realmente necesita’ la marca, lo cual subyace dentro de ‘lo que quiere’ la marca. Para ello hay que hacer preguntas, descartar las primeras ideas, conocer todos los porqués que han llevado a la marca a plantearse esta iniciativa y no otra, pero, sobre todo, saber hasta dónde está dispuesta a llegar para cumplir sus objetivos de venta.

Solo así, la agencia podrá plantearse de qué manera puede llegar a sorprender a su nuevo cliente. Porque de eso trata, de cumplir con las expectativas y de sorprender.

2. Crear el look and feel.

Otra de las preguntas que deben ser respondidas en esa primera reunión es: qué quiere transmitir la marca con este lanzamiento, qué quiere que ‘piensen de ella’ sus clientes y qué quiere que ‘sientan por’ ella. El aspecto, el estilo, la imagen, sí; pero no solo hay que trabajar esto, sino también la percepción, el sentimiento y la empatía.

El cliente tiene que reconocerse en la marca para ser fiel a ella. Por eso es fundamental que la marca sepa de primera mano cuál es esa identidad que va a conectar con el target adecuado. Trabajar este punto desde el primer día enriquecerá el trabajo de la agencia -y también su nivel de empatía con el proyecto- y aclarará muchos aspectos de los que la marca, seguramente, aún no era consciente.

3. Configurar el DAFO del proyecto.

Como ya sabemos, para conocer las posibilidades que tiene de éxito una empresa en el mercado es necesario configurar su DAFO (Debilidades, Fortalezas, Amenazas y Oportunidades) y planear a partir de aquí su estrategia de futuro.

Con los proyectos específicos pasa lo mismo; debemos tratarlos como un ente independiente de la empresa, con sus propias particularidades, analizando su situación interna y externa. Solo así podremos desarrollar el concepto que queremos, que necesitamos y que nos lleve a cumplir nuestro objetivos de venta.

4. Desarrollar el concepto: cómo y dónde.

Una vez hemos finalizado el proceso de thinking conjunto, le toca a la agencia desarrollar el concepto en forma de propuesta que cumpla todos los requisitos, y plantearse el ‘cómo y el dónde’, teniendo en cuenta las necesidades reales, el look and feel y el DAFO antes mencionados.

Un ejemplo: ¿la marca quiere exponer una línea de producto específica mediante el uso de tecnología high end para llegar a un target de alto nivel económico que desee interactuar con el contenido dentro de un espacio físico? La marca necesitará crear un showroom con una exposición arquitectónica espectacular que incluya desde un sistema interactivo hasta un espacio inmersivo que permita al usuario experimentar con el producto y que conecte con sus emociones mediante técnicas de storytelling.

Otro concepto que nos podrían interesar en este caso podría ser la creación de una concept store más enfocada al sentimiento de marca que a la innovación, con un fuerte componente emocional, por poner otro ejemplo donde el por qué impere sobre el cómo y el dónde.

5. Presupuesto necesario

¿Cuánto vale una idea? Hace tiempo que esta pregunta está en boca de todos, pero la respuesta no es tan difícil ni tan descabellada: lo que cuesta una idea es directamente proporcional al rendimiento que se le va a sacar.

Por lo tanto, es en la rentabilidad donde radica el valor de una idea (te lo explicábamos aquí en 5 claves) y este debe ser el fundamento principal a la hora de preparar el presupuesto necesario para llevarla a cabo. Cuando una idea está pensada para rentabilizar su coste por tres, ya no importa la partida inicial, es totalmente asumible si conocemos su proceso de desarrollo y sus grandes posibilidades de antemano.

6. Plasmación del concepto.

Tras la aceptación del presupuesto necesario, el proceso creativo -que ya ha comenzado en el desarrollo del concepto (punto 4)- toma forma real. Ahora es cómo el equipo creativo va a plasmar el concepto presentado, pero también cómo va sorprender y fascinar al cliente llevando la propuesta a otro nivel.

Por ese motivo siempre debemos dejar un margen al ángulo de la improvisación, un espacio a la fascinación.

Cuando hablamos de improvisación, nos referimos a dejarnos llevar por la espontaneidad y la naturalidad a la hora de diseñar el concepto que va a hacer que esta marca -nuestro cliente- despunte sobre las otras: ya sea por la excepcionalidad de su contenido, como por la innovación de su formato o la espectacularidad de su soporte tecnológico. No debemos anclarnos en ‘lo que el cliente quería’, sino que debemos tratar de fascinarle con algo que querrá gracias a nosotros. Lee más sobre el equipo creativo aquí.

 

 

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