SEO/SEM, la pérdida de la creatividad

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Un mundo que se mueve por palabras clave pasa factura a la creatividad.

Cada vez que pensamos en un nuevo tema para el blog de TMT nos encontramos con el mismo dilema: cómo titularlo.

Tenemos la idea, que normalmente surge de una afirmación, una conclusión basada en la experiencia o de una confrontación analítica de las situaciones con las que nos encontramos en nuestro día a día en el desarrollo de nuestra profesión, y queremos compartirla.

Escribimos el artículo, lo validamos y pensamos en un título que nos guste, que llame la atención, que juegue con significados, que agite y cause expectativa. ¿Dónde está el problema?

La sintaxis impera sobre la semántica

El problema está en que, la mayoría de las veces, ese título ideal no es compatible con las herramientas de posicionamiento y nos vemos condenados a usar sintagmas sencillos basados en las palabras que utilizan los usuarios en los motores de búsqueda. O, en el mejor de los casos, a los: ‘5 claves para…’, ‘10 nuevas tendencias en…’, ‘3 maneras de…’.

Así, nos vemos obligados también -y cada vez más- a acortar frases, simplificar conceptos, utilizar las mismas palabras una y otra vez, y repetirlas hasta la saciedad a lo largo del texto para producir contenidos robotizados que sean lo mejor legibles para los buscadores.

Al final, más allá del título, el texto en sí se vuelve pobre y redundante, falto de verdadero significado porque debemos adecuarlo también a esas palabras clave que, según el SEO y el SEM, nos ayudarán a llegar al máximo número de personas.

La muerte del estilo literario

Optimización, popularidad, rastreabilidad, indexación, posicionamiento, resultados… Estos sintagmas son los que le quitan creatividad a nuestros textos.

Pero que no se nos interprete mal. No estamos diciendo que estas herramientas no sean útiles, o no tengan su razón de ser. Lo son y la tienen, aunque con una limitación de lenguaje importante para los narradores de nuestras empresas.

Porque lo que sí es cierto es que el filtro no se basa en la calidad del contenido, sino en la adaptabilidad de este a los lenguajes que marcan los algoritmos. De modo que, las palabras se vuelven datos, y así la semántica se empobrece, y con ella el poder de la interpretación, de los recursos literarios y estilísticos, de la retórica y de la expresión.

Hoy, queremos reivindicar el poder del discurso por sí mismo, sin robots que nos digan qué es lo que debemos leer. Y aun siendo conscientes de que el título de este post quizás no llegue a muchos, nos resistimos a resignarnos a que las palabras que nos definen las dicte una fórmula matemática.