La privacidad está reñida con el marketing

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¿Y esto a qué viene? Si el principal objetivo del marketing es crear valor en el consumidor mediante la satisfacción de sus necesidades, es evidente que es imprescindible conocerlo al máximo.

Actualmente, la fuente de sabiduría de cualquier retailer son los datos. Y estos no solo se utilizan para conocer al usuario lo mejor posible y cubrir sus necesidades, sino también para adelantarse a ellas.

Es decir, extrayendo valor de los datos almacenados se analiza el comportamiento del usuario, se identifican patrones y se formulan las predicciones oportunas para luego captar, retener y fidelizar al usuario mediante creativas estrategias de marketing.

El big data es tendencia

Esta tendencia -y cada vez más estandarizado proceso- de recolección de datos masivos y creación de modelos predictivos para análisis de negocios y producción publicitaria se está expandiendo a otros campos como la investigación de enfermedades infecciosas, la sociología e incluso, el espionaje y la lucha contra el crimen organizado.

Y el usuario lo sabe. Los algoritmos impregnan su vida. Es consciente de su condición de fuente de datos andante. Por eso ahora nos encontramos con que el usuario quiere más privacidad. Quiere mantenerse en el anonimato. No quiere sentirse «utilizado».

La privacidad es el Santo Grial

Los usuarios buscan más privacidad, más anonimato. Buscan sentirse libres del «ruido consumista», por eso sube la compra online. Disponen de un lugar donde mediante un correo electrónico pueden adquirir sus productos, pero lo cierto es que las marcas no pueden saber nada más de lo que les ofrecen sus cookies. Por lo que tampoco pueden ofrecerles mucho más de lo que ofrecen ya en sus ecommerce (y en ocasiones puede que hasta ni les interese).

Hoy, la tecnología de los macrodatos pasa por el reconocimiento facial, por el motion tracking, por la interacción y por el uso de la IA… Más allá del entorno web, el usuario se pierde lo que puede conseguir mediante su presencia en la tienda física y la marca pierde datos muy valiosos y grandes oportunidades de marketing.

Anonimato y marketing: ¡incompatibles!

Por lo tanto ¡el usuario no puede mantenerse en el anonimato! Porque si es anónimo, no tiene ventajas, ni privilegios de marca, ni descuentos, ni ofertas personalizadas, ni promociones únicas, ni regalos sorpresa, ni recibe recomendaciones ni puede recomendar, ni tantos otros, etc. No tiene nada de lo que tienen los demás usuarios, porque cierra la puerta a la customización del usuario.

De ahí a que las grandes marcas deban ingeniárselas para atraer a los usuarios a sus tiendas físicas. Porque será en ellas dónde podrán ofrecerles una experiencia de compra diferente, más completa, de más calidad, donde acabará su verdadero customer journey y, en consecuencia, donde se cumplirá el principal objetivo del marketing: crear valor en el consumidor.